Mucho se ha escrito sobre la dupla memoria y olvido y su adenda, perdón. Se dice, así lo recuerdo, “Ni perdón, ni olvido”; “Perdón sí, olvido no”; “Olvidar sí, perdonar no”. Las tres ideas entrecomilladas las recojo de mis recuerdos, de los grafitis, de diversos textos, de la vida que corre y sigue sin que la previa, “la obligatoria”, la de la memoria, haya finalizado. Discutir es necesario; el trinomio memoria/perdón/olvido exige.

El siglo XXI, entre otras calificaciones, es y será testigo de innumerables transformaciones vinculadas con la bioética: cambo climático, eutanasia, aborto, incendios forestales… Es, a la vez, en vista de los sucesos mundiales, un siglo cuya realidad parecía, tras la caída del muro de Berlín o la “reinvención y desaparición” de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, difícil de anticipar al terminar el siglo pasado, esto es, el surgimiento de gobiernos o partidos políticos cuyas tendencias abruman y siembran desasosiego; baste enlistar partidos como Vox (España) o el Frente Nacional (Francia) y, entre otros, los gobiernos de Hungría, Cuba, Nicaragua, Polonia, Venezuela, unos “de izquierda”, otros “de derecha”, unos peores que los otros.
Avanzado el siglo XXI, tras las destrucciones provocadas por los totalitarismos del siglo XX, fascismo y comunismo, la esperanza en refundar el mundo era “grande”. De ahí la necesidad de cavilar sobre el valor de la memoria.
Aunque Memoria como materia escolar no existe, algunas escuelas dedican tiempo para discutir con los alumnos acerca de las matanzas del pasado y las obligaciones de la memoria. En cambio, por fortuna, se han erigido en muchas ciudades museos dedicados a exaltar el peso de la memoria. Dichas casas albergan material invaluable sobre las sinrazones de genocidios, holocaustos, matanzas contra población civil o indígena, así como el destino de migrantes o de poblaciones abandonadas. Los museos anteriores son casas y moradas de la memoria, y son invitaciones para cavilar en las obligaciones de la humanidad hacia la humanidad. Lo mismo sucede, cada vez con mayor frecuencia, cuando se derriban estatuas de asesinos/racistas o se quitan los nombres de calles de innombrables. ¿Sirve la memoria?, ¿modifica su esencia el destino de la humanidad?
Avanzado nuestro siglo, ante el imparable Mal, reflexionar en el valor de la memoria y la forma en que se transmite es necesario. Algunas preguntas y diatribas aguardan respuestas:
1. La memoria no ha permeado suficiente. Siguen cometiéndose atrocidades por doquier. ¿Cómo aprovecharla?
2. Las lecturas sobre la memoria son fundamentales para quienes crecen en hogares donde ésta tiene importancia. ¿Cómo llegar a otros grupos?
3. ¿Sirve olvidar?, ¿puede empezarse de novo borrando el pasado?
4. ¿Se vive mejor el presente al recordar el pasado o es válido obviar algunos pasajes viejos con tal de instalarse en “el hoy”?
El número de muertos por los totalitarismos del siglo XX es inmenso. No hay datos precisos. Tan sólo en la Segunda Guerra Mundial murieron entre 50 y 60 millones de personas. Hoy el número de muertos por razones inhumanas es infinitamente menor. Sin embargo, apelando al supuesto valor de la memoria, al transcurrir de los años y al incremento en todas las vías del conocimiento, incluyendo las de los Derechos Humanos, sería dable esperar que, avanzado nuestro siglo, no feneciesen los que siguen muriendo sin razón alguna.
Y hoy, en este pequeño hoy, Ucrania, y no menos trascendental, Yemen, Afganistán…
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Como es un tema que a mi me fascina, me atrevo a dar respuesta a sus preguntas, Mi Dr Kraus
1. La memoria se construye, de a poquito, y debe apoyarse en valores universales para construirse: justicia, verdad, equidad, y dar a todas las voces la oportunidad de expresarse. Eso significa no alabar actos cuestionables («Necesidad histórica» como dicen ciertos panfletos sobre un asesinato) como tambien dejar que los resentimientos e injusticias por muy ciertas, secuestren el debate, que es lo que esta ocurriendo en varias partes del mundo. Llamar las cosas por su nombre, y sobre todo, explicar el contexto. Entiendo que hay tragedias hoy, pero quiero ser optimista y pensar que valores como la tolerancia son cada vez mas universales.
2.La construcción de cualquier relato debe dar las voces a todos, e incluso privilegiar las minorías. Sin embargo, no significa aceptar por justa (digo justa, y no cierta). Al final solo se esta construyendo un relato, no una reforma social, aunque seguramente las injusticias expresadas pueden ser objeto de discusiones y sometidas a corrección
3. No, no sirve olvidar. Pero si sirve comprender. En cuanto a la segunda parte, puede que para una persona sirva, pero no para una nación o un pueblo.
4. Al recordar el pasado, tiene que existir una cronología. Pretender obviar algunas etapas es decir una mentira. Lo voy a explicar con un caso. Zimbabwe, el país asocia su pasado a un viejo reino de ese nombre. Sin embargo, como entidad política, es una creación del imperialismo británico y en particular de Cecil Rhodes, que esta enterrado en un parque nacional en unas tierras que son sagradas para los nativos. Para completar, allí estan enterrados algunos de los primeros dirigentes blancos de Rhodesia. Con la independencia se han alzado voces que esos enterramientos deben ser retirados porque ultrajan a los pueblos nativos. Los políticos de vez en cuando azuzan el tema, pero una mezcla de interes económico, respeto por los difuntos y su sueño, y la oposición de historiadores blancos y negros han detenido esa idea. Los historiadores son enfáticos: Rhodes, sus colaboradores, sus descendientes construyeron el país, aquí murieron, y aquí deben permanecer. No se puede pretender que no existió, eso es falsear la historia. Ud puede contarla de la manera mas objetiva, y es lo que debe hacer, perono pretender que no existió.
Ya me extendí mucho, un saludo desde Colombia, mi Dr Kraus.
Buen día querido Samuel,
pues…, pues…, su comentario merecería una entrada en algún periódico, por ejemplo, en «El Espectador» -¿le parece buen rotativo?-: sus ideas, sus «ires y venires» por el tema son excelentes: no suelo plagiar -soy decente, je, je-, pero, ¡por supuesto que me dan ganas de hacerlo!
El tema, memoria y olvido, es imprescindible. Sobra decir que casi, casi es una moda edificar museos en cada ciudad. El inmenso brete es que la humanidad no avanza. Concuerdo en que son menos las matanzas en masa, que no hay genocidios «vivos», aunque, ¿qué decir de Darfur?, ¿de los nómadas en Marruecos?, ¿de los kurdos en Turquía?…, pero masacres «pequeñas» las hay por doquier.
Le agradezco, con el corazón, su tiempo y sus enseñanzas.
El tema es apasiona. Encontremos más aristas,
Abrazos,
Arnoldo