La bomba de Hiroshima, la falta de códigos éticos cuando se realizan experimentos médicos en países pobres, la triste experiencia del estudio de la sífilis en la comunidad negra de Tuskegee, Alabama, la extracción de órganos a prisioneros chinos, las pruebas nucleares francesas en Mururoa son, entre muchos, ejemplos del mal uso de la ciencia. Las pruebas genéticas, diseñadas para servir a la humanidad, pueden convertirse en un Frankenstein médico.

Lo saben los diversos Frankenstein’s que conviven entre nosotros y lo saben, aunque intenten desdeñarlo, algunos investigadores. Las pruebas genéticas, sabias y maravillosas, tienen, también, otra(s) cara(s). Su sabiduría y beneficio la experimentan los padres con bebés víctimas de enfermedades hematológicas, dolorosas y mortales. La posibilidad de procrear un bebé sano, “a la carta”, para utilizar su médula ósea y salvar al hermano y a la familia es una de las grandes maravillas de la ingeniería genética. La posibilidad de que patrones y aseguradoras conozcan el perfil del empleado es un de los grandes bretes.
La experiencia no miente: La ética, con frecuencia, tarda en contestar los dilemas provenientes de avances biotecnológicos. Destaco algunos posibles conflictos provenientes del divorcio entre pruebas genéticas y ética:
1. Cuando se conoce el genoma de una persona, la privacidad se pierde.
2. Manipular el genoma a favor de sectores económicamente pudientes incrementará la brecha económica.
3. Empleadores y seguros médicos pueden violar la confidencialidad a su favor y con ello despedir al empleado, no renovar el contrato. o incrementar el costo del seguro.
4. Muchas pruebas predicen enfermedades para las cuales, en la actualidad no hay nada que hacer.
5. Posible discriminación genética.
6. Patentar el genoma humano es un grave peligro. Algunas empresas privadas se alejan de principios éticos fundamentales.
7. La positividad de pruebas genéticas no siempre predice con exactitud los riesgos de contraer enfermedades.
Concluyo: la tecnología genética debe aplicarse para incrementar el bienestar y la salud de las personas y no para el beneficio de empleadores, aseguradoras o grandes corporaciones. El reto de la ética médica radica en caminar en forma paralela a los avances técnicos y exigir que los científicos respondan a los posibles dilemas éticos mientras investigan.
Adenda. En agosto se reanuda el Seminario Permanente de Bioética en la Facultad de Medicina de la UNAM. Quedan invitados. La entrada es libre.
