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Morir durante la pandemia

La muerte tiene infinitos rostros. Los muertos tienen infinitos rostros. Basta ver las caras de los cadáveres, sus guiños, su rictus, su mirada sin mirada y los últimos suspiros y murmullos para entender: muerte y muerto no es lo mismo. El final de la vida es universal, no hay recovecos ni intersticios individuales. La muerte siempre es igual: cesa el corazón, desaparece la respiración, el cuerpo se enfría, el morado o azul en la piel reemplaza al negro, al blanco, o al rosa. No hay tesituras ni discusiones posibles: su señoría, la parca, ordena, manda: el cuerpo derrotado, sumiso, calla primero, se apaga después. Así ha sido, así será. La muerte siempre es la muerte: el corazón sin sangre, los pulmones sin aire, las manos sin movimiento y los oídos sin escucha siempre son idénticos.

Morir arropado es una bella costumbre humana. Tener al lado a los seres queridos durante el proceso sirve; le sirve a quien muere y a quienes se quedan. Fenecer a solas, rodeado de soledad, escuece. No acompañar durante el proceso final lastima, quiebra. El dolor de los deudos, que por una u otra razón no tuvieron el privilegio de estar en los últimos instantes, al lado del ser querido, nunca termina.

Ilustración: Belén García Monroy

La vida lo sabe: refugiados que no retornan y mueren ahogados, indocumentados que fenecen por deshidratación en los desiertos de Arizona, mujeres centroamericanas migrantes, jóvenes, la mayoría, atrapadas y vejadas por narcotraficantes en su ruta a Estados Unidos y rehenes víctimas del fundamentalismo islámico son ejemplos vivos de ese pandemónium.

Covid-19, además de matar sin miramientos, ha impedido, en muchos casos, seguir los ritos y costumbres occidentales. Debido a la rápida y elevada letalidad, la muerte alcanza a los enfermos y acaba con ellos en condiciones infrahumanas, en ocasiones sin atención médica, otras veces en las camas de los asilos, en casa sin apoyo o en las afueras de los hospitales. Expirar sin el cobijo médico y sin los brazos de los seres cercanos es otra cara de la muerte por coronavirus.

Las imágenes en extremo dolorosas de los camiones del ejército italiano rodando en Bérgamo, cargados con los féretros de los muertos por coronavirus para su incineración en pueblos vecinos, debido a que el cementerio de la ciudad ya no tenía  capacidad, muestra el desaseo del final en estos tiempos. La razón es brutal: la espera para las cremaciones supera la semana. Una vez realizadas las incineraciones, las cenizas serán trasladas de nuevo a Bérgamo, al lugar de origen de los difuntos. Dos muertes, una vida. Dos finales, una vida.

El coronavirus carece de piedad. No respeta ni el último adiós ni permite el tan necesario contacto físico con los seres queridos. La muerte tiene infinitos rostros. Los muertos también. Las víctimas de la pandemia abren otro capítulo en la historia de la humanidad.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días

14 comentarios en “Morir durante la pandemia

  1. Querido Arnoldo: Qué tristeza. Y con qué mezcla de pena y serenidad lo cuentas. Qué bueno tenerte. Un abrazo, Angeles

  2. Querida Ángeles:
    ¡¡¡¡Siempre tan presente y cariñosa!!!: Aprecio toneladas tu comentario. Me encanta estar con todo el equipo Nexos. Abrazos, Kraus

    1. Dr Krauss: enorme indignación he sentido por las agresiones hacia enfermeras y médicos, incluso asesinatos. Y se desborda mi indignación por los insultos perpetrador por alguien que en este momento cree que tiene el derecho cometer los atropellos que su ocurrencia le dicta.

      1. Mil gracias Piedad, si, es increíble e inentendible: agredir al personal médico en la calle y desde el gobierno es terrible. Sobre todo ahora, cuando mueren médicos, enfermeras y personal hospitalario por la pandemia.
        Aprecio su comentario,
        Arnoldo Kraus

  3. Dr Kraus. Le cuento algo personal. Mi madre murió el 19 de Marzo después de una enfermedad breve y cruel. La vi morir, decidí que no siguieran mas tratamientos, y entregue el cuerpo para su cremación. Mi hermana, que reside fuera del país, no pudo venir. Al día siguiente comenzó la cuarentena, y no pude recoger las cenizas. Pese a los deseos me toco a mi solo, después de esperar varios días, y con la oposición de mi familia que no quería que saliera, un lunes sali a recoger las cenizas. Me paro la policía, no tenia permisos, pero fui hasta grosero: «Voy a enterrar a mi madre y me dejan pasar». Me dejaron. Lleve las cenizas al nicho, y solo me acompaño un empleado de la funeraria. Fue una experiencia para mi que tuvo mucho de cierre, pero se que parte de mi familia hubiera querido que fuera de otra fuera. Al final solo le consulte a mi hermana, quien aprobó todo. Fue mi propia experiencia, morir en tiempos de pandemia.

      1. Samuel, amigo desconocido:
        Me conmueve tu no relato, tu crudo y doloroso acercamiento a la muerte. Me conmueve. Te comento: hace dos semanas decidí escribir un (mi) «Diario de la pandemia». Espero que cuando el demonio viral nos abandoné publicar un libro sobre mis vivencias. Te invito: si deseas, tu texto donde narras , la muerte de tu madre -«cuando alguien muere, muere algo dentro de mi»-, podría ser una entrada del diario, por supuesto indicando que el texto es tuyo. Si te parece bien, busco, por medio de mis amigos de Nexos, como mandarte mi correo. En caso afirmativo podrías agregar algunas palabra a tu escrito.
        Abrazo solidario por la pérdida de tu madre,
        Arnoldo

        1. Dr Kraus le agradezco que piense considerar el texto para su libro. No tengo inconveniente en que lo use, como a bien tenga.

          1. Samuel:
            ¿Lo reproduzco tal y como está?, ¿quiere reescribirlo? No tengo idea cuando se publicará el libro: creo que si encontraré editorial.
            Gracias,
            Arnoldo

        2. Dr Kraus, pienso que en este caso, presente al editor el texto, y que haga las correcciones pertinentes de ortografia y gramatica. No me siento con animo para decir mas.

  4. TODOS tus comentarios y puntos de vista sobre la tragedia quee estamos viviendo de verdad me parten el corazón, la impotencia y la tristeza embargan nuestros dias. Que bien lo expresas, es tan bueno escucharte. Me doy cuenta que es poco lo que aporto con mis comentarios, no hago mas que repetir y estar de acuerdo en todo lo que dices.. um abrazo y mi admiración

  5. Gracias Gabriela, si aportas, escribir, en estos tiempos, es aportar. Pues, sí, coincidimos y volvemos a coincidir. Expresarse, el simple hecho de hacerlo, significa.
    Abrazo,
    Arnoldo

  6. El día jueves 16 de abril, parecía un día como los otros desde que comenzó la cuarentena en la ciudad de México. Sin embargo, a eso de medio día, se recibe un mensaje de una de mis primas, ¡Había una noticia!, Yo pensando que era una más de sus invitaciones a convivir, le comento que si era la llegada de un nuevo sobrino o un casamiento. La sorpresa es… ¡Había fallecido el menor de mis tíos!, Inmediatamente le marco y comenta que el día lunes 13 se había sentido mal, lo lleva su familia a la clínica 21 del IMSS, lo ingresan y lo retienen, no hay acercamiento de la familia, lo aislan y lo único que mencionan sus familiares es que el jueves en la madrugada fallece. Sus síntomas tos seca, fiebre y no puede respirar… Su último aliento fue ese día y el diagnóstico corona virus. Nos piden no acercarnos a la familia, no hay rosario, deben de estar aislados y piden que cuando ¡Pase esto! Ya nos veremos. Creman el cuerpo y lo más triste es no poder acompañarlos. Así es como las personas se van en está pandemia, solos, sin nadie, sin funerales, sin un abrazo a la familia y sin poder acercarse a ellos. ¡Una realidad triste!, ¡Muy triste!

    1. Miguel, lo que narras, lamentablemente, es lo que han vivido en otros países. Lo terrible es que el coronavirus ha roto gran parte de nuestro tejido: acompañar a las persona durante el último proceso es necesario para el enfermo y para los familiares. He escuchado historias similares; ni siquiera después de la cremación la familia puede acompañar a los pocos deudos, un, dos, tres…
      Saludos,
      Arnoldo Krasu

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