Mientras intentaba poner en orden un texto incompleto y complejo, de esos cuyo final no llega porque el principio no fue adecuado, mi cabeza, la cual suele volar en un instante de un lugar a otro, se alejó del ensayo y aterrizó en el universo de las palabras y sus muletas.

“¡Caray!”, me dije frente al espejo, el ser humano no sería lo que es sin el lenguaje y yo no podría escribir sin recargarme en las muletas que lo acompañan: comillas, puntos suspensivos, negritas, signos de admiración e interrogación, itálicas, guiones, paréntesis, etcétera. “¿Sabes?”, continué, contándole mis tribulaciones al espejo, las no letras, los signos son fundamentales para mí: me salvan.
“¿Y cómo es que te salvan?”, preguntó el espejo, siempre educado, acostumbrado, como si fuese un diván, en este caso mi diván, a escuchar.
Te explico: utilizo los puntos suspensivos cuando no sé cómo redondear la idea. Esa treta me sirve: invito al lector a reflexionar y a comprometerse con la lectura. Pienso, si me engaño no importa, el lector se detendrá y tras una breve pausa (…) reflexionará: “¿Qué pensará Kraus?, ¿por qué no completó la oración?”. Gracias a ellos busco provocar al lector: el buen o mal final de la idea dependerá de él o de ella. Sin … imposible escribir. Me protegen…
Me recargo en las cursivas o en su homónimo, las itálicas, no por su origen, del latín curro, currere, que significa correr: los eruditos lo explican con precisión: la inclinación hacia la derecha de la letra permite escribir con mayor agilidad, lo cual, lamento escribirlo, debido al ascenso de los ultras, las noticias procedentes de Polonia, Hungría y de Brasil, todas —todas—, abusan de las cursivas. Me recargo en ellas por otras razones. Las uso cuando deseo resaltar y darle un significado “más potente” a la palabra. Una palabra escrita con cursiva profundiza la idea y evita utilizar numerosas palabras. Ejemplo contundente (1): hijo o hija deputa(o). Ejemplo contundente (2): Te amaré incluso después de la muerte.
Las negritas son primas lejanas de las cursivas. Una diferencia es el color. Las negritas permiten enfatizar una o varias palabras. Hacerlo fija la atención del lector: el negro, siempre poderoso —de ahí la vestimenta de luto—, se yergue sobre las letras pálidas: significa prioridad, fuerza, preponderancia. A partir del color negro, y de la dificultad para borrarlo, la idea ennegrecida me obliga a reparar y a hacer un alto, reflexionar y continuar en el próximo blog.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Todos -cuando hablamos y cuando se escribe- tenemos muletas. A mi por ejemplo, me salva el punto y coma; me quedo sin seguir para descubrir que no había mucho por decir. La maña consiste en usarlas sin que el lector las note, y se vuelva estilo. Reflexivo texto, mi Dr. Kraus
Querido Samuel,
siempre son bienvenidos sus comentarios. El lenguaje, las palabras… Wittgenstein: » los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo». Yo la reacomodo, sin autorización, je,je: «Los limites de mi mundo significan los límites de mi lenguaje». Me gustan las dos formas y me gusta s idea del punto y coma.
Abrazos,
Arnoldo
Belleza de texto.
Sylvia, gracias, gracias por escribir,
Abrazo,
Arnoldo
Pues sí, de acuerdo con un experto existe una lengua amerindia que permite a los hablantes entender con facilidad la teoría de la relatividad; otros proponen que dentro de las lenguas modernas es el idioma aleman el mejor dotado para la filosofía. Por otra parte, las lenguas vivas, todas, se encuentran en una constante regeneración o cambio. Dichos cambios levantan barreras intergeneracionales y también entre clases sociales sin olvidar , vgr., el español peculiar que se habla en las distintas regiones del país. No se puede pasar por alto la influencia de los medios masivos de comunicación y de la revolución tecnológica. Mención aparte merece la diferencia entre los los sexos, a partir del simple hecho de que la mujer percibe mejor la gama de colores. Saludos.
Buenas noches Saul, le pido disculpas: no entendí ni el fondo ni el mensaje de su correo.
Saludos,
Arnoldo Kraus