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Muletas (2)

En el blog previo resalté el valor de algunos aliados incondicionales, las cursivas, las negritas y los puntos suspensivos: ¡Tres fabulosos compañeros de las palabras! Gracias a ellos, se redondean y se enfatizan ideas. También, así pienso, invitan al lector. Ahora escribo sobre otros imponderables.

Ilustración: Oldemar González
Ilustración: Oldemar González

“Las comillas, como las que inician este párrafo, son grandes colaboradoras: suavizan la idea. Las comillas iniciales (“) denotan que lo enmarcado dentro de ellas no es una idea contundente sino una suerte de prótesis en las cuales se apoya quien escribe cuando duda un poco de su idea; al hacerlo, ‘suaviza’ la idea. Las comillas finales (”) invitan a recapacitar. No en balde las iniciales (“) se inclinan hacia la izquierda y las finales (”) hacia la derecha: lo señalado queda abrazado por ellas.

“Las comillas, por supuesto, tienen otros usos académicos de los cuales no me corresponde escribir: enmarcar citas, hacer referencia a citas textuales dentro de un enunciado, indicar una palabra vulgar o mal escrita…”.

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“!!!Aaaahhhh!!!, los signos de admiración. Por razones comprensibles, explican los diccionarios, se les llama también signos de exclamación: leer o exclamar, con el tono apropiado, en voz alta, ¡en la madre!, difiere de en la madre, aunque el tono sea el mismo. Denotan, a la vez, otros estados de ánimo: asombro: ¡imposible creerlo: metieron a la cárcel, en México, no en Perú, a dos expresidentes!; deseo: ¡Imposible negarlo: 99 % de los mexicanos desean ver entre las rejas al 99 % de los políticos!; sorpresa: ¡Encarcelaron en México a dos políticos rapaces, culpables de incontables latrocinios; esta vez la justicia batió récord: los liberaron tres días después, en vez de lo normal: entre uno y dos días!; súplica: ¡por favor, queridos lectores, no dejen de pronunciarse!

¡¡¡¡Uuuufff!!!!!, “¡Gracias signos de admiración: sin ustedes, imposible amar, odiar, sorprenderse…!”.

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“Por último, antes de concluir un ( ). Poco recurro a ellos. Interrumpen el flujo de las palabras. Me apoyo en ellos cuando lo que deseo expresar o no se acomoda en la idea original o las palabras; en mi caso, no me ayudan para vertebrar ciertas ideas. Son una suerte de tabla de salvación: agregan información a los argumentos previos: acotan, precisan, ayudan. Sin embargo, no siempre son un recurso bienvenido: rompen la cadencia del texto”.

Lo siento: de * y de — —, así como de{ } y de @ ya ni puedo ni quiero escribir. Suficiente con la familia ¡ ¡, …, ( ), cursivas, “ ” y negritas.

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El significado de la palabra palabra ocupa casi dos páginas en el Diccionario de la lengua española. Dos páginas, cuando se compara con otras entradas, la inmensa mayoría pequeñas, habla de la dificultad intrínseca de una de las mayores actividades de nuestra especie, i. e., hablar. Cito dos definiciones: “Segmento del discurso unificado habitualmente por el acento, el significado y pausas potenciales inicial y final”; “Facultad de hablar”. La primera acepción es con la que inicia el diccionario. Pésima e inentendible. No cuento con una mejor definición. Escribí esté último párrafo para invitar al lector e invitarme con el fin de cavilar un poco en la trascendencia de las palabras bien o mal usadas. De ahí el pretexto del blog anterior y el actual: comillas, puntos suspensivos y signos de admiración son grandes aliados para hacer de las palabras grandes refugios.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días

5 comentarios en “Muletas (2)

  1. Lo triste dr Kraus es que las nuevas generaciones no saben usar todas ninguna de estas muletas .
    Sera ?Que están en peligro de extinción ?
    Necesitamos más escritores , más gramática u ortografía en las aulas , ahora todo lo demuestran con un emoji o simplemente con escribir xxo……
    Saludos

  2. Gracias Claudia, pues si, tienes razón, no usan moletas porque no escriben. He leído tareas de jóvenes de preparatoria que tienen hasta dos errores en la misma palabra. Las muletas, como las he llamado, sirven para darle vida al texto, para que fluya.
    Gracias or tu interés,
    Arnoldo

  3. Todo el texto me acordó de un poema del argentino Roberto Juarroz:

    «TODA PALABRA LLAMA A OTRA PALABRA…

    Toda palabra llama a otra palabra.
    Toda palabra es un imán verbal,
    un polo de atracción variable
    que inaugura siempre nuevas constelaciones.

    Una palabra es todo el lenguaje,
    pero es también la fundación
    de todas las transgresiones del lenguaje,
    la base donde se afirma siempre un antilenguaje.

    Una palabra es todavía el hombre.
    Dos palabras son ya el abismo.
    Una palabra puede abrir una puerta.
    Dos palabras la borran. »

    Las palabras, esas compañeras…. Un saludo, mi Dr Kraus, con toda mi admiración y respeto, en estos tiempos de emojis y mensajes xxo.

    1. Querido Samuel,
      Buenos días en México, Buenos días en Colombia, gracias por compartir conmigo el poema de Juarroz a quien he citado en más de una ocasión. Ahora, justo, escribo una novela en donde hablo de las palabras, del valor de las palabras.
      Abrazos grandes,
      Arnoldo

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