Ser consciente de la propia finitud es atributo humano. Esa característica obliga: pensar en el final invita a cavilar en el presente y en los días venideros. Ese atributo, cuando la vida se agota, conmina, a quien así lo desee, a tomar las riendas de su existencia y buscar cómo despedirse del mundo. No escribo sobre suicidio, reflexiono sobre morir con dignidad. En este rubro, morir con dignidad, el medievo sigue vigente. Pocos países se han decantado por esa opción. Algunos no sólo no la aceptan, la prohíben y “persiguen” a quien pretende terminar su vida con ayuda externa o por medio de fármacos creados para otros propósitos.

Ilustración: Víctor Solís
Así como en algunas naciones se linchan a los homosexuales, y en otras se encarcela a las mujeres pobres por abortar o se quema o se apedrea hasta la muerte a las mujeres que tienen relaciones con hombres de otras sectas o son infieles, la eutanasia es condenada y mal vista. El medievo humano del siglo XXI es más canceroso y miserable que el de los siglos V al XV: existe una relación inversamente proporcional entre el avance de la ciencia y el respeto al ser humano.
Leo en el periódico: “La policía investiga la compra por Internet de un fármaco utilizado para la eutanasia”. Copio el subtítulo: “Decenas de españoles adquirieron pentobarbital… Francia requisa 134 frascos en un operativo relacionado”.
¿Qué sucedería si la policía se dedicase a cumplir con sus obligaciones en vez de perseguir a las personas que desean finalizar su vida? Viviríamos, supongo, más tranquilos: menos hurtos, menos corrupción, mayor libertad, mayor respeto a la autonomía.
Arnoldo Kraus
Profesor, Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Reflexión muy pertinente. Como decimos en mi país: Para una situación, una ley. En la situación que ud describe del periódico, recuerdo el episodio de Ramón Sampedro: Como una serie de actos individuales hechos por los amigos, configuraron el episodio de su muerte, y no se pudo acusar a nadie. Al final, la policía no esta para supuestos, como bien señala. Valiosa reflexión dr Kraus.
Samuel:
Mil gracias por el correo. Conozco bien la historia de Sampedro, su libro, la película de Amenabar y leí acerca de las manos amigas que le dieron cicuta para morir. Imagino que usted es español por la cita, y me gustaría que fuese veraz su idea, «para una situación, una ley». En México no es así.
Saludos afectuosos,
Arnoldo Kraus
No acabo de entender porque los gobiernos y la iglesia deciden situaciones tan personales como el manejo de las enfernedades, la vida, la muerte, el aborto, la orientación sexual. Todo esto es tan personal que solo deberìa corresponder decidirlo a quien lo experimenta
Gabriela:
Gracias por el comentario, lo aprecio. La esperanza es que con el tiempo, sobre todo las dictaduras de las iglesias, mermen, se acaben, se auto extingan. Lo único que queda es fomentar la autonomía.
Abrazo,
Arnoldo Kraus
¿Que habría pasado si Stephen Hawking hubiera decidido morir dignamente en cuanto se enteró de su enfermedad en sus veintes?
Buena pregunta Enrique: Hubiésemos perdido sus aportaciones. Ignoro qué ten feliz fue Hawking debido a su enfermedad. La cuestión no es la enfermedad de Stephen: el brete es intentar morir con dignidad.
Gracias,
Arnoldo Kraus