Los buenos finales deben ser mejores que los principios. Pienso, me debato, pregunto y me pregunto: para mí, siempre debería ser así. La expectativas y los derroteros de cualquier empresa, incluyendo la vida y sus innumerables apéndices, trabajo(s), amor(es), estudio(s), deporte(s), literatura, cine, la última pincelada del cuadro elaborado durante largo tiempo, caminatas, cuidar y acompañar a un enfermo podrían tener, si no un final feliz, al menos, la comprensión y la satisfacción de poner punto final cuando es preciso hacerlo. Excepciones las hay. Y muchas.
Terminar una amistad, aunque sobren razones, duele. Vivir el desamor lacera y hiere. Los amores y las amistades, con suerte encuentran sustitutos, a veces aproximados, en ocasiones iguales y algunas veces mejores. La vejez, otro evento ineludible, suele desafiar las ideas acerca del final; los muchos años humillan, pesan, incomodan. Enumeradas algunas dicotomías comparto un final.

Truman Capote, en A sangre fría, relata al final un fragmento de la entrevista a dos asesinos en el corredor de la muerte.
—¿Por qué lo hicisteis?
—Porque odiamos al mundo, respondió uno de ellos.
El final de la magistral novela es extraordinario: quien por casualidad o por recomendación de algún conocido, empiece en la última página saltará, con impaciencia, a la primera página.
Elaborar un final adecuado, incluyendo todo lo abarcable de la vida, supone caminos y retos intrincados. Caminos en los cuales, sobre todo cuando se es joven, se cavila poco o nada. Reparar hoy en mañana es prudente. Óptimo sería, antes de planear, reflexionar en el final para vivir con dignidad y alegría el mayor tiempo posible. Los científicos lo hacen cuando plantean las hipótesis de su trabajo. Intentan dibujar el final antes de iniciar. Eso deberíamos hacer todos. Desde la casa, en la escuela, en el trabajo. Quizás esa disciplina, empezar entreverando el final, ofrecería “más” paz, “más” certezas, y mejoras a nivel individual y comunitario.
Ni todo ni nada es para siempre. Incluyendo el paréntesis del cual escribí al principio: amistad y amor, bienes inmensos, se renuevan, se pierden, se transforman. Así la vida, así la muerte. Pero, inmenso pero, a diferencia de la muerte, no hay una vida: hay muchas. Dibujar los finales es buena pócima, hacerlo no es sencillo, posible sí lo es.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Nunca hasta ahora he empezado un libro por su última página; cuando un título me atrae leo las primeras líneas, si hay un deslumbramiento lo adquiero. Este método nunca me ha desilusionado. Para los matemáticos es más importante el razonamiento que el resultado; para algunos pensadores lo importante es el camino; claro, en las ciencias positivas lo que importa es el resultado. Me gusta el pensamiento especulativo, la duda. En el cine tampoco el final tiene un valor especial: me interesa el desarrollo de la historia. La vida está llena de finales, de adioses, por lo menos desde mi punto de vista. No hay recetas cada vida es unica, vivir es una aventura. No es fácil. Los jóvenes lo deben saber y eso debe ser parte de su educación.
Saúl,
Conforme uno envejece, y con suerte, en ocasiones desde la juventud, uno debe saber que muchas reglas son para romperse. En ocasiones, cuando rotas, sirven, antes no. No hablo del desgobierno actual que impera en México y en el mundo. me refiero al mundo de la información, a las personas contestarias y que rinden tributo a la desobediencia civil. De ahí mis argumentos. De ahí algunas ideas de Truman Capote. Y ahora, lo que sigue, es romper, me repito el desorden impuesto por los desgobiernos mundiales. Nos hace falta Dvorak: Una sinfonía de otro mundo, no de un nuevo mundo.
Saludos muy agradecidos,
Arnoldo
Creo que tenemos coincidencias, si no recuerdo mal A Sangre Fria es un alegato contra la pena de muerte, alegato insoportable en la versión cinematográfica con la fotografía en.blanco y negro; recuerdo que la secuencia de la ejecución se demora en un ritmo indopirtable para el espectador. La novela y su versión cinematográfica se encuentran entre mis obras favoritas que utilicė como parte de los materiales de un curso. No puedo dejar como material de ese curso Luces Rojas.
Saludos como siempre.
A Sangre Fría impone: una familia completa, sus cuatro miembros, fueron asesinados sin ningún sentido, sin «algún propósito». La trama muestra la vulnerabilidad de las personas y la ausencia de límites de la humanidad: asesinar, de nuevo, sin propósito, es parte de nuestra condición. De ahí el quid de la película y lo que sigue: asesinar sin razón «es válido». Ignoro si Capote -creo que escribió la novela en quince días y sus noches-, en la Costa Brava -creo de nuevo- sin haber considerado que su novela abriría nuevas discusiones en torno a la pena de muerte. Regresar a Capote y su vida siepbre es necesario. No he visto Luces Rojas. ¿Eres cineasta?
Saludos,
Arnoldo