Recién el nazismo abría sus fauces y destruía todo lo ajeno, lo otro, lo indeseable, lo que no era puro, Sigmund Freud, al enterarse de las piras destinadas a quemar libros de judíos y de otros impuros, comentó, “¡Cuánto hemos progresado! En la Edad Media me hubiesen quemado a mí; ahora se conforman con quemar mis libros”. El progreso, se afirma, tiene muchas caras. No todos piensan igual, yo entre ellos. El progreso, para ser progreso, debería distribuirse más y mejor. No es así. En el diccionario de los miles de millones que perviven con dos o tres dólares al día, la palabra progreso no existe. En cambio, la desmemoria y la negación del otro son vivencias cotidianas cuyo significado no requiere entradas en el diccionario antes aludido. Un ejemplo viejo nunca viejo: cuando se fenece por descuido o pobreza lo viejo nunca es viejo.

Ilustración: Adrián Pérez
En septiembre de 2019, la prensa francesa informó: “La ola de calor causó 1435 muertos en Francia”. El encabezado daba pie a la noticia: la cifra de fallecimientos fue diez veces menor que en 2003 cuando se registraron 15 000 muertes. La ministra de Sanidad —la de 2019— se autofelicitó por el logro. Para los políticos los números son todo: en eventos encargados de medir la tasa de alguna forma de progreso, .0000000002 es inmensamente mejor que .0000000001. Números y más números, ¿qué representan los muertos?
Medicina, sociedad y Estado caminan de la mano. Si los encargados de velar por la salud del pueblo cuidasen a sus habitantes, la tasa de fallecimientos prevenibles, i. e., deshidratación, podría ser cercana a cero. Así sucede en algunas naciones, y sucedió en la Cuba de los setenta: médicos pagados por el Estado hacían visitas domiciliarias a enfermos “muy endebles”. Tanto en 2003 como en 2019 la mayoría de los decesos debidos a la ola de calor ocurrieron en ancianos y la causa casi siempre fue deshidratación. Sobre todo en 2003, el olor de la putrefacción alertaba a los vecinos. Los viejos habían sido abandonados y murieron sin que nadie se enterase. Ignoro dónde fallecieron los viejos en 2019. La sinrazón fue igual a la de la década previa: deshidratación.
Dos visiones. Arropada por el sesgo de su condición como política, la ministra de Sanidad tiene razón: Francia ha progresado. Segunda: no es sencillo fenecer por deshidratación. Se requieren dosis inmensas de abandono y descuido. Es bien sabido que viejos y bebés son frágiles. Cuando pierden agua por enfermedades o no la ingieren, morir es una posibilidad.
La cita de Freud puede parecer inapropiada. Al releer el texto dudé en borrarla. Opté por dejarla. El progreso tiene muchas caras, unas bellas, otras excluyentes. Morir por deshidratación en el siglo XXI cuestiona ese espacio llamado progreso. Sorprende la autoadulación de la ministra francesa. Todos sabemos, sin haberlo leído, que ninguno de los familiares viejos de la Ministra murió por falta de agua. Todos sabemos también que ahora es infrecuente quemar libros; ahora, sobre todo los africanos que buscan escapar de sus infiernos, fenecen en el mar.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Las expectativas de vida en los paises desarrollados han aumentado notablemente, bastaría con ver como eran las cosas al principio del SXX, incluso en México, o bien comparar el número de huerfanos de hace más de.100 años, con los huerfanos de hoy. Cierto, los ancianos son muy vulnerables sobre todo cuando viven solos como en Japón, que fue lo que en parte sucedió en Francia. Como habitante del SXXI mis expectativas de vida, y también de calidad , en el XIX hubieran sido otras y lo más seguro hubiese sido analfabeta. El mundo no es perfecto por supuesto. Saludos.
Gracias Saul,
Concuerdo con su comentario. Mis quejas son siempre las mismas. En relación al conocimiento, inmenso. muy útil para quienes pueden acceder a sus beneficios, inútil para quienes, por pobreza, no reciben dichos frutos. Esa idea se refiere a todos los rubros: longevidad, calidad de vida, medicina, etcétera.
Saludos,
Arnoldo Kraus
Francia es un país rico, no el paraíso; Francia cuenta con un sistema de salud orgullo de sus ciudadanos; no soy capaz de imaginar un mundo perfecto: Suecia un país tenido por hipercivilizado le falló a sus viejos en la pandemia. Una ola de calor inusitada causó en un país con un clima como el de Francia la mortandad de los ancianos no necesariamente por deshidratación, «por falta de agua» – lo que se escucha dramático-, sino por alteraciones en el organismo de los viejos; si la ecuación fuera calor excesivo= muerte de los ancianos, en un país como México la tragedia sería cotidiana. Saludos.