Los entrecruzamientos entre enfermedad y resiliencia son múltiples. No todos los enfermos, tras curar, se reinventan y convierten su mal en resiliencia. Quienes lo logran hacen escuela. Al cavilar y/o escribe sobre dolor, físico o anímico, resiliencia debería ser tema obligado. No sólo por el significado del concepto, sino por sus posibles implicaciones en el tratamiento de otros enfermos con afecciones similares.

No existe ni existirá una Escuela del dolor ya que cada enfermo padece y vive su mal de acuerdo a su historia y a los instrumentos con los que cuenta para combatirlo. “No hay enfermedades, hay enfermos”, enseñaban los viejos maestros que apreciaban más la clínica que el laboratorio. Tenían razón: cada persona vive su mal como vive su vida.
A pesar de las dificultades para construir una Escuela del dolor, la idea es válida: Las personas resilientes, y dentro de ese grupo los enfermos, sobre todo quienes padecen males crónicos o estuvieron al “borde de la muerte”, son maestros. Generan, sin percatarse, sin proponérselo, una cierta maestría. Después de haber vencido sus peripecias negativas, y tras haber confrontado temores y angustias, crean una serie de habilidades que les permiten mirar desde otros ángulos y hablar desde otro lugar. Los enfermos resilientes transforman esas habilidades en virtudes.
Resiliencia proviene del latín resilio, y significa volver atrás, rebotar, volver de un salto, resaltar. Múltiples son las definiciones de resiliencia; destaca, por sencilla, “Capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas”, a lo que agrego, “…y tener la capacidad de transformar las experiencias negativas en circunstancias positivas”. En su última edición, la Real Academia de la Lengua Española ha incluid resiliencia e su diccionario: “Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”.
Las personas resilientes “hacen de lo malo algo bueno”, y enseñan con su ejemplo, con su forma de afrontar tropiezos y confrontar bretes. Extraen de las desgracias una cierta sabiduría, cuya simiente nace de la propia experiencia. La resiliencia no se enseña, se aprende al observar las respuestas de personas en condiciones similares frente a agravios, amenazas, pérdidas. Pobreza extrema, víctimas de maltrato físico o psíquico, prisioneros de campos de concentración, víctimas de catástrofes naturales y de genocidios, abandono afectivo o la pérdida súbita de un ser querido, son, de acuerdo a los estudiosos de la resiliencia, condiciones predisponentes. Las enfermedades deben incluirse en ese grupo.
Algunos enfermos, tras sobrepasar adversidades físicas o anímicas —ignoro el porcentaje, no existen estudios al respecto—, se convierten en portadores de mensajes positivos. Debería aprovecharse la experiencia y “ese modo de ser” de enfermos resilientes. Algunos hospitales cuentan con clínicas de autoayuda donde se comparten vivencias y se ofrece apoyo. La voz de un enfermo, escuchada por otros enfermos, transmite mensajes provenientes desde la experiencia íntima: sus notas y tonos son distintos. Quienes han recorrido la senda de la enfermedad siembran empatía, apoyo y comprensión y sirven como modelo para quienes inician su periplo.
Boris Cyrulnik (Francia, 1937), pionero en el campo de la resiliencia, y referencia obligada, sufrió desde la infancia, por ser judío, atropellos propios de la Ocupación nazi. De acuerdo a sus estudios —es neurólogo, psiquiatra, etólogo—, la resiliencia permite a las personas renacer después del sufrimiento. Quienes renacen, llevan en su equipaje de viaje, en su expediente clínico, en su bagaje de vida y de enfermedad, una serie de informes y recetas llenas de experiencias propias, con frecuencia, transferibles: los dolores comunes, cuando se comparten, si bien no se curan, se comprenden desde la perspectiva de la experiencia del otro, cuya experiencia, siguiendo a Cyrulnik, permite tejer a cuatro manos.
Algunos enfermos renacen cuando sanan y otros modifican porciones de su ser tras vencer la enfermedad. Esos enfermos se convierten en maestros por ser resilientes. Sus expectativas y miradas difieren de quienes no han sido víctimas de patologías. Escucharlos puede ser gratificante. Enseñan mucho. Las personas resilientes, en este caso los enfermos, tienen la virtud de aceptar la realidad impuesta por la enfermedad. Tienen, o generan, la capacidad de encontrarle, pese a las pérdidas, sentido a la vida, y durante el camino impuesto por la patología forjan una inquebrantable fuerza que les permite mejorar. De ahí, que sea infrecuente escuchar en enfermos resilientes quejas con respecto a su situación o a su destino. No suelen preguntar, “¿por qué yo?”, “¿qué hice para merecer este castigo?”.
El enfermo resiliente que sana, sobre todo cuando la enfermedad fue grave y prolongada, renace, contagia y hace del dolor escuela. Cuando esa sabiduría se comparte con otras personas afectadas por procesos similares, contribuye a mejorar el estado general del enfermo. Los médicos deberían contar con el apoyo de pacientes resilientes dispuestos a dialogar con nuevos enfermos. Su experiencia, y su forma de mirar la vida, los dota, además, de una dosis sui géneris de ética: saben colocarse en el lugar del otro y entienden que las patologías se confrontan mejor cuando la ética dicta el tratamiento de la enfermedad. Esa terapia empática y compasiva, de igual a igual, es fundamental para los médicos interesados en el concepto Escuela del dolor. No concluyo. Pensar en el triángulo resiliencia, empatía y ética es necesario.
El blog de la Sra.Mastreta sobre Teodoro Cesarman tambien aplica.
Arnoldo,
La ética y la bioética son dos temas importantes y no poco complejos. Sin embargo una ética laica, un proyecto intelectual que tomo auge desde La Ilustración, las posturas de Kant, J.S Mill, Nietzche, Sartre, Camus et al se han desmoronado una a una –muchas veces teniendo consecuencias catastróficas- debido a su inhabilidad de proveer y asentarse en una estructura lógica y teleológica. En un claro contraste, la alternativa judeo-cristiana comienza con la premisa del Imago Dei. El punto de partida es que los seres humanos somos creados a imagen y semejanza de Dios consecuentemente esto nos da una dignidad intrínseca, además, a pesar de que tenemos libre albedrio, este esta esposado a ciertas responsabilidades y limites; como por ejemplo: el no tener el derecho a quitarnos la vida ya que nuestra vida no nos pertenece (nosotros no nos creamos a nosotros mismos).
Desafortunadamente las posturas para dialogar y ponderar acerca del suicidio y de otras cuestiones éticas que propones comienzan en medias res, y esto es problemático. Para evitar caer en argumentos circulares y fútiles, antes de discutir si alguien tiene el derecho a suicidarse o no, hay que establecer ciertos parámetros, es necesario establecer un punto de partida, hay que remplazar el andamiaje intelectual que ofrece la tradición judeo-cristiana.
Esto nos lleva a concluir que el mito de Sísifo sigue vigente y nos deja frente a una dicotomía: a) el suicidio es un claro desafío a los dioses (o a Dios), de ahí que quitarse la vida no es permitido ni ético o, b) dado que la ética laica rechaza la existencia de Dios, por extensión lógica se afirma la famosa frase de Dostoievski “si Dios no existe todo está permitido,” en otras palabras, la naturaleza del suicidio es subjetiva, consecuentemente su ponderación es fútil.
La ética laica también enfrenta otro problema fundamental, el problema de la dignidad humana. La ausencia o rechazo de un concepto teístico, un agente exógeno del que surge dicha dignidad, deja al descubierto varias preguntas seminales: si Dios no existe, ¿de dónde proviene la dignidad humana? ¿en virtud de que o quien tenemos dignidad? ¿cuál es la naturaleza de esta dignidad? ¿cómo se determina el valor de una vida? ¿Quién y porque tiene jurisdicción de la vida humana?
Hasta ahora todos los proyectos laicistas han fallado en proveer una respuesta concreta, sin cometer crímenes ontológicos y de lógica, a ciertas preguntas que permiten establecer un punto de partida para discutir la ética. Los que han tenido éxito han recurrido a argumentos bíblicos. Un claro ejemplo de esto es la declaración de la independencia de los EU, donde Jefferson describe que “derechos inalienables” provienen del “Creador”. Sin creador, no hay dignidad objetiva, ni derechos inalienables.
Dentro del contexto y del objetivo de este blog es necesario determinar los elementos a priori que conforman la plataforma para construir un dialogo objetivo. Estos elementos obviamente nos darían un punto de partida y proveerían respuestas a las preguntas mencionadas arriba. En otras palabras, para determinar si algo es bueno o malo es imprescindible primero definir cuál es la naturaleza y los elementos de lo que es objetivamente bueno.
Saludos cordiales,
Carlos Gamboa
Carlos:
Gracias por tu amable correo. Te respondo:
1. La ética laica hermana, no excluye. Las religiones excluyen.
2. Difiero: la vida sí nos pertence. El ser humano es autónomo.
3. Lamentablemente, en nombre de Dios, véase hoy Estado Islámico, ultras judíos, y siglos de historia, sí se asesina.
4. La dignidad no la determina Dios. La determina el correr de la vida. La dignidad la determina cada persona de acuerdo a su historia, sus metas, sus posibilidades, etcétera.
5. No entendí el concepto crímenes omtológicos. Lo que sí creo es en lo que Kant decía: «el mal está determinado ontogénicamente».
Saludos,
Arnoldo
Gracias por tu respuesta Arnoldo.
El proyecto de discernir y desarrollar una ética y bioética no es poco ambicioso. Con el fin de lograr algún avance creo que lo minino que se puede hacer es analizar los diferentes argumentos y poder así descartar aquellos que no se puedan sostener ante un razonamiento lógico–para esto, el método socrático no es de poca utilidad-. Antes que nada debo a elucidar algunas objeciones obvias a tus respuestas:
Tú dices:
1. “La ética laica hermana, no excluye. Las religiones excluyen.”
Creo que es más que evidente que la ética laica excluye de facto a la ética religiosa. La separación de iglesia(s) y estado es el argumento, que como un muro de hormigón, excluye categóricamente a las religiones de tener voz o voto en la plaza pública. Más aun, las leyes que conciernen a la ética y la moral se legislan y se codifican en las legislatura estatales y federal, consecuentemente la ética laica solo es incluyente en los aspectos donde en donde la ética impuesta por el estado coincide con la ética de alguna religión.
“2. Difiero: la vida sí nos pertenece. El ser humano es autónomo.”
Este es un argumento legítimo sin duda, sin embargo siguiendo la lógica de este mismo el suicidio es completamente ético y valido; cualquier oposición seria intervenir directamente con la autonomía de cualquier persona que en plano uso de sus facultades, su libertad y su autonomía decida suicidarse, consecuentemente el suicidio es definitivamente ético.
Bélgica es uno de los países líderes en aplicar la ética dentro del contexto de la auto determinacion. Hace algunos meses Rachel Aviv, público un interesante artículo[1]en The New Yorker acerca de las vicisitudes de la autodeterminación, el suicidio, las implicaciones éticas y sus consecuencias en Bélgica. Aviv señala que hay en la región de Flandes el cinco por ciento de las muertes son por eutanasia, no solo eso, el suicidio asistido está incrementando a pasos agigantados. Más aun, el trece por ciento de los suicidios asistidos no son por que los pacientes sufran de alguna enfermedad terminal sino por otras condiciones como: anorexia, autismo y síndrome de fatiga crónica etc. El afirmar la autonomía como base indeleble del comportamiento ético trae resultados catastróficos y en lugar liberar, solo provee las bases para nuestra deshumanización con un profundo matiz nihilista.
“3. Lamentablemente, en nombre de Dios, véase hoy Estado Islámico, ultras judíos, y siglos de historia, sí se asesina.”
Si, estoy de acuerdo. Sin embargo la evidencia histórica, sobretodo la del siglo pasado, muestra un sinnúmero de estados laicos que en el nombre del bien, de la justicia y del progreso etc. han cometido atrocidades y genocidios sin precedentes. No solo eso, los que planearon y ejecutaron estas atrocidades eran personas educadas! Por extensión lógica el estado laico postula los mismos riesgos que cualquier otro sistema o religión cuando se socavan a algún tipo de radicalismo. Con lo anterior, no sugiero el adoptar un sistema teocrático, de ninguna manera. Mi conjetura es que los mismos hechos que ilegitimizan a las religiones, técnicamente, también ilegitiman al estado laico.
“4. La dignidad no la determina Dios. La determina el correr de la vida. La dignidad la determina cada persona de acuerdo a su historia, sus metas, sus posibilidades, etcétera.”
La implicación de esta afirmación es que la dignidad no es algo inherente en todos los seres humanos en virtud de que son humanos sino que la dignidad es relativa, algo que cada persona determina según algunos factores y experiencias. Esta afirmación da pie a un sinnúmero de preguntas para poder entender en con precisión cual es la naturaleza y significado de tus posturas. Como punto de partida es necesario evitar dejar espacio para ambigüedades con respecto al significado de las palabras (mi definición de dignidad es diametralmente opuesta a la que postulas). De ahí que debo preguntar:
¿Dado que cada quien determina su dignidad debido a su experiencia hay personas que no tienen dignidad en lo absoluto?
¿De dónde viene la dignidad, en virtud de que exactamente?
¿Y qué hay de las personas que no tienen la capacidad cognitiva de determinar su dignidad?
Si la dignidad la determina cada persona ¿qué hay de las acciones? ¿No hay acciones que tienen cierta dignidad en sí mismas? ¿Es igual de digno trabajar de cocinero(a) que dedicarse a la prostitución voluntariamente?
¿Quién, y en base a que determina lo que es algo digno y lo que no?
¿Las bases para determinar la dignidad son absolutas o cambian con la cultura y el tiempo?
¿Los animales tienen dignidad igual que los humanos?
“5. No entendí el concepto crímenes ontológicos. Lo que sí creo es en lo que Kant decía: “el mal está determinado ontogénicamente”.
A pesar de que comulgo con algunas de las postulaciones éticas de Kant -siempre ver y tratar a otro ser humano como fin en sí mismo y evitar el uso de personas como medios para algún fin-. Sin embargo algunos de sus argumentos centrales, a pesar de ser bien intencionados, son frívolos y contraproducentes. La ética deontológica de Kant margina el uso de la prudencia. Más aun, la categoría imperativa y la auto legislación las cuales afirman la existencia de leyes morales universales intrínsecas en los ser humanos implícitamente necesitan la existencia del autor de las mismas, negar la existencia de un originador exógeno e inteligente no solo es un crimen de lógica –afirmar la existencia de un efecto, y al mismo tiempo negar su causa – sino también un crimen ontológico ya que la ley natural es un indicio de la existencia de un originador inteligente.
También reitero que tus posturas son lo que Alasdair MacIntyre (ver After Virtue)[2] llamaba emotivismo. El emotivismo es estructura en donde la ética no es racional, no responde a un porque. El emotivismo está basado en la subjetividad de los sentimientos, y lo más lamentable es que esta postulacion (como tu postura en cuanto a la dignidad) es que evita que se pueda hacer un estudio objetivo en cuanto a la ética.
Saludos cordiales,
Carlos Gamboa
[1] http://www.newyorker.com/magazine/2015/06/22/the-death-treatment
[2] http://www.amazon.com/s/ref=nb_sb_noss_2?url=search-alias%3Dstripbooks&field-keywords=After+Virtue
Arnoldo: Tu escrito es toral. Es importante rescatar el concepto de «resiliencia» y clavarlo profundamente en el contexto médico, no solo como imperativo médico si no como objetivo dentro de nuestro quehacer cotidiano. La definición clásica de «salud» se refiere al estado de bienestar físico, mental y social del ser humano. Las capacidades actuales de la actividad médica nos hace ver que dicha definición es incompleta (y en nuestro país, con 60% de pobres, inalcanzable). A pesar de ello, debemos voltear a ver la capacidad adaptativa del ser humano como algo que debemos valorar e introducir como objetivo moderno del concepto de salud. Ya se ha establecido la discusión sobre la importancia de incluir ese concepto dentro de la definición «oficial» de SALUD (http://www.bmj.com/content/343/bmj.d4163).
Basta ver justas deportivas ganadas por corredores con prótesis como miembros inferiores, nadadores que cruzan albercas sin piernas ni brazos, personas ciegas o sordas que al ser interrogadas sobre su estado de salud contestan sin ninguna duda: «sana». Lo mismo sucede con gente que tiene enfisema e insuficiencia respiratoria y llevan su vida ‘normal’ cargando sin problema su concentrador de oxígeno; o diabeticos juveniles que llevan 30+ años inyectándose insulina sin chistar, como si tratara de peinarse o lavarse los dientes.
La adaptación es importante en esta era dónde las enfermedades crónico degenerativas aparecen en nuestra sociedad (desarrollada económicamente o, como la nuestra, no). Y la RESILIENCIA es el motor que empuja esa adaptabilidad a circunstancias contingentes, como bien mencionas en tu ensayo. Debemos buscarla, promoverla y desarrollarla en beneficio del enfermo. Hacer que su existencia sea parte del estado que llamamos SALUD. Y parte de nuestro trabajo.
PD: Francamente no comprendo la relación de tu escrito sobre Resiliencia y el comentario apologético que te enviaron donde se pretende atar toda posibilidad de análisis ético a la creencia en un ser superior absoluto. Inquieta más la «creencia» de que la laicidad en la ética es sinónimo de una postura «atea» (además, como si fuera eso algo malo); solo se muestra la incapacidad de entender que, en este tipo de discusiones, el concepto divino no interviene. Eso lo metió Jefferson en el acta constitutiva que ayudó a redactar y eso también dejó entrever Dostoievsky en su capítulo sobre El Gran Inquisidor en donde yo nunca he encontrado lo que dicen que escribió sobre la permisibilidad que genera la ausencia de dios (otros analizan mejor que yo esto: http://www.egs.edu/faculty/slavoj-zizek/articles/si-hay-un-dios-entonces-todo-esta-permitido/). Es irónico querer argumentar la necesidad ética de dios recurriendo a la descripción que hace Dostoievsky de lo que sucedería en la actualidad si volviera a regresar Jesucristo: el Gran Inquisidor lo condenaría inmediatamente… La referencia a Los Hermanos Karamazov, en este caso, parece un non sequitur.
Querido Patricio:
Gracias por tu tiempo y por tu comentario, con el cual concuerdo. Agrego a lo que tan bien describes que debería, aunque tu agregas una cita de una revista británica, enseñarle a los alumnos de medicina la sabiduría que encierran los enfermos resilientes. Recordaras, no sé si aún sea vigente, el hecho de que en algunas facultades de medicina en Inglaterra y en EU se les pide a los alumnos que actúen como si fuesen enfermos o que escriban ensayos o poesía sobre la enfermedad; esos ejercicios ayudan a aprender, as entir, y a ponerse en el lugar del otro.
Abrazo agradecido,
Arnoldo
Señor Santillán,
Obviamente mi comentario era con referencia a otro post. Mis posturas son simples: antes de postular si algo ético o no, es necesario establecer ciertas bases, los parámetros racióneles y sistemáticos para poder determinar si algo es ético o no (de otra manera solo estamos compartiendo opiniones). Hay que también definir la naturaleza de la ética, si la ética es contingente al tiempo, a la cultura, a las costumbres o si es universal; si la ética proviene de una primara casusa o si es determinada por el consenso de la mayoría etc. Fallar en proveer estos parámetros evita que realmente se pueda discutir la ética de una manera productiva.
El ejemplo de la Declaración de la Independencia ilustra con precisión mi punto. Jefferson no “metio” como relleno o al azar al Creador. Jefferson estaba proveyendo nada más ni nada menos que una base racional, sin precedentes, que transfería la soberanía, sobre las colonias, de la corona inglesa a los habitantes de las mismas. La genialidad de Jefferson también instituyo la igualdad y los derechos “inalienables” en virtud de que todo mundo viene del Creador. A pesar de que al principio los esclavos no gozaron de estos derechos, el argumento de Jefferson fue el catálisis y el ímpetu que propicio la emancipación de la esclavitud y, tiempo después, la afirmación de los derechos civiles. De ahí que en el lacónico, pero no poco seminal discurso de Lincoln en Gettysburg Lincoln hace referencia a la Declaración de la Independencia “[O]ur fathers brought forth on this continent, a new nation, conceived in Liberty, and dedicated to the proposition that all men are created equal.” Un siglo después, Martin Luther King en su famoso discurso “I have a Dream” se postra con convicción en los cimientos que Jefferson había provisto en el segundo párrafo de La Declaración de la Independencia. King elocuentemente describe como ya era tiempo de cobrar la nota promisoria de los fundadores: “I still have a dream. It is deeply rooted in the American dream. I have a dream that one day this nation will rise up, live out the true meaning of its creed: We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal.”
En cuanto a la referencia a Dostoievski, el argumento se sostiene por sí mismo el autor o su origen es irrelevante. Esta es una aserción especialmente valida en cuanto a la ética y a la moral. Si se va a proponer un código de ética objetiva en el que se rechaza un soberano exógeno no es fácil encontrar argumentos coherentes. La ética laica es un proyecto que se ha tratado de establecer desde La Ilustración, sin embargo, la ausencia de bases objetivas aunado a la inhabilidad de proveer un punto de partida racional (como de donde viene la ética y porque debemos de obedecerla), valla el hecho de que estemos tratando de determinar las bases de los que es ético o no, ilustra con claridad el contundente fallo de este proyecto.
Saludos cordiales,
Carlos Gamboa
Querido Arnoldo:
El comentario de Carlos Gamboa a esta entrada de tu blog es el mismo que puso en la entrada anterior («Mitos imperecederos: ¿Cómo dialogar?»). ¿Será un error?
En relación a esta entrada, me parece que la idea de la «Escuela del dolor» es de gran importancia. Me atrevería a decir que es uno de los núcleos de cristalización para el progreso auténtico de la Medicina. La resiliencia transforma para bien la vida del paciente, pero se convierte en un punto de reflexión esencial para el médico que pretenda ser mejor profesional y mejor ser humano. Y, además, la resiliencia puede convertirse en un ejemplo a seguir para otros enfermos en condiciones similares. En el deseo de respetar y acrecentar la autonomía del paciente, los médicos no sólo tenemos que incorporar a nuestro bagage al enfermo con resiliencia, sino que debemos inclinarnos ante él con humildad. He aquí lo que decía Alfonso Reyes:
“Cuando yo encuentre a mi médico ideal pondré en sus manos esta memoria. Yo no necesito que mi médico ideal sea infalible. Aparte de las condiciones de general aptitud y aun de simpatía -yo, sin esto no ando- sólo pido de él dos cosas: primero, que sea además de un médico, un sabio. Es decir -limitemos la terrible palabra- que el médico pragmático, el que cura y prescribe tratamientos, se acompañe en él de un estudioso desinteresado, de un lector asiduo que no duerme si no ha despojado antes los catálogos de novedades, de un poeta del pensamiento capaz de pasarse un día entero de buen humor cuando ha encontrado la expresión feliz para bautizar un síntoma. Y segundo, que se resigne a trabajar conmigo, a explicarme lo que se propone hacer conmigo y lo que piensa de mí, a asociarme a su investigación. Yo reclamo el privilegio de juez y parte, porque soy capaz de desdoblamiento y sé muy bien considerarme objetivamente y con frialdad. Además estoy seguro de que yo puedo ayudarle a mi médico, de que orientado por él, puedo proporcionarle datos preciosos. Finalmente, el médico que no cuente con mi inteligencia está vencido de antemano, el que quiera curarme sin contar con mi comprensión, que renuncie. Lo que no acepte mi mente, difícilmente entrará en mi biología. Tal es mi modo de ser, y seguramente hay muchos pacientes de mi género. Los médicos deberían pensarlo seriamente, y aceptar nuestra colaboración con humildad”.
Gracias Luis por tu comentario:
Sí, en efecto la entrada de Carlos Gamboa es casi idéntica -o identica- a la de un Blog previo. Y sí, la hipotètica «Escuela del dolor» debería fundarse por los médicos encargados de la formación de jóvenes médicos; eso podría servir para «rehumanizar» a la profesión. No conozco la espléndida cita de Alfonso reyes, ¿de dónde es?
Abrazo,
Arnoldo
Efectivamente Arnoldo, es menester introyectar el concepto de RESILIENCIA en el pregrado y el posgrado incipiente. Es nuestra labor, y se nos acaba el tiempo.
Con respecto de la discusión paralela sobre la descalificación de la laicidad como proyecto fallido dentro del análisis ético, pues simplemente no concuerdo.
Se hace referencia a que, para poder hablar de ética, se deben tener bases en parámetros racionales y sistemáticos con lo cual concuerdo completamente. Mi problema estriba en pretender establecer que dichos parámetros racionales y sistemáticos provienen de una fuente poco objetiva como es la divinidad. Históricamente podemos identificar una enorme lista de ellas como posibles fuentes; la mayoría de ellas simplemente las hemos desechado (Zeus, Thor, Quetzalcóatl, Baal, etc.). Actualmente esos ‘parámetros racionales y sistemáticos’ los tomamos de la argumentación filosófica sometida a reglas lógicas y retóricas entre otras, aunado a la producción de conocimiento derivado del estudio racional y sistemático de la naturaleza. En otras palabras, al conocimiento científico el cual, como bien sabemos, lejos de ser dogmático es un conocimiento en constante revisión, actualización y evolución.
El análisis ético de los actos en nuestro mundo intenta ser universal pero sin duda resulta contingente derivado del conocimiento que vamos adquiriendo de la naturaleza y del universo. A manera del conocimiento científico, la argumentación ética es sometida a revisión y actualización (que no debe interpretarse como relativismo u otros ‘ismos’ con los que frecuentemente se intenta soslayar la importancia del argumento científico). La posibilidad de evolución ética es algo reconocido de otra forma no podríamos explicar nuestro rechazo actual a prácticas como la esclavitud, la mutilación genital aún existente en el planeta, la obligación de apedrear a muerte a una mujer que no llegue ‘virgen’ al matrimonio y muchas otras barbaridades que están escritas y ordenadas en textos ‘sagrados’.
La laicidad, en palabras de un experto en el tema (y no de un inexperto como yo: P. Salazar, Nexos 22 de Agosto de 2014)), implica “…la secularización del pensamiento, de la socialización y de la cultura. Por eso, el laicismo, combate al dogmatismo y promueve la tolerancia sobre la base de un reconocimiento de la pluralidad que no subraya las pertenencias religiosas sino que hace abstracción de las mismas. El pensamiento laico no ignora la existencia de las religiones pero propone bases para la convivencia que responden a un proyecto axiológico que no les tiene deferencia…”.
Jefferson propugnó mucho por el concepto de separación de iglesia y estado junto con otros como Paine y Franklin. Este es el concepto básico del laicismo en donde, dada la multiplicidad de divinidades y sistemas religiosos, es precisamente en defensa de dichos sistemas religiosos que se determinó como más adecuado que ninguno de ellos deba tener preponderancia sobre los demás (incluyendo la posibilidad de no tener ninguno) ante la competencia que se da para obtener el poder político del gobierno; por ende estableciendo que no habría una religión de estado (algo establecido claramente en nuestra Constitución –la mexicana).
Mucho se ha discutido sobre la aparición de la palabra “creador” dentro de la declaración de los representantes del congreso de las otrora colonias británicas en América. Hay versiones de que Jefferson, en su primer borrador, no lo incluyó si no que fue en la revisión de la llamada “Comisión de los Cinco” en que se introdujo. En todo caso, su aparición también responde más a la idea deísta de “creador” y no a la idea “teísta” del mismo (diferencia no menor cuya discusión merece un espacio más amplio).
Igual discusión ha ameritado la falta de mención sobre la esclavitud en donde, aquí sí, Jefferson guardó silencio o no quiso introducir el concepto (él mismo mantenía esclavos en su plantación). Para muchos esto fue producto de la concepción de superioridad eurocéntrica derivado del ‘permiso divino’ y ha sido gracias a la evolución ética que se fue dejando eso de lado y gente como Lincoln, King, Mandela y otros cambiaron el concepto. El retraso de casi dos siglos fue desafortunado ya que hubiera hecho real la línea principal de la Declaración de 1776 de que “…todos los hombres (sic) son creados iguales.” Nuevamente aparece la palabra “creación” y espero que esto no sea motivo de mayor discusión; sabemos que la creación de nuevos seres vivos en nuestro planeta depende del intercambio cromosómico derivado de la fusión de dos células y su contenido génetico; otras personas atribuirán este fenómeno a la acción decisoria de una u otra divinidad dependiendo de la zona geográfica que ocupe en el mundo que vivimos; ese sí sería un relativismo mismo que la laicidad de nuestra sociedad trata de hacer a un lado. Esto, como ya mencioné, no debe interpretarse de ninguna manera como desprecio a la divinidad, sino que simplemente por la multiplicidad de ellas, por la importancia actual del concepto de Derechos Humanos y por la laicidad constitucional de nuestro estado, su referencia no ayuda a la conversación.
la cita de Alfonos Reyes la saqué del prólogo de un libro sobre nutrición, pero no sé a ciencia cierta de cuál de sus obras proviene.