¿Es la ignorancia un tema que concierne a la ética? Dos respuestas:
1. La que fomentan y desean los políticos es tema ético.
2. La que es propia de la pobreza también lo es.
El círculo vicioso es evidente y en nuestro México, perdón de nuevo por mi escepticismo, insuperable. Deseducar —fomentar la ignorancia— y empobrecer a la población caminan de la mano. Sin alimento educativo y sin alimento donde las proteínas sean base de la dieta, la posibilidad de progresar y de contestar son enjutas. La política en México, y en la inmensa mayoría de los países pobres, fomenta conscientemente la ignorancia: no lo publicitan —no pueden—, lo hacen —lo necesitan.
Hay un tercer elemento que debe considerarse:
3. La mayoría de los políticos son ignorantes. Poco les interesan los elementos propios del conocimiento: educación, arte, literatura, historia, medio ambiente y cine son ajenos a su genética; sus genes codifican intereses diferentes: corrupción, impunidad, ignorancia y robar sin límites son elementos consustanciales a sus labores.

El tercer elemento, aunado a los previos, me conduce a dos reflexiones. La primera la copio de la contraportada de La barbarie de la ignorancia, de George Steiner en diálogo con Antoine Spire (Editorial: Taller de Mario Muchnik, Barcelona, 1999):
A través de una obra en parte consagrada a la situación del hombre culto ante la barbarie, Steiner suscita una pregunta fundamental: ¿qué sentido puede nacer de la montaña de escombros dejada por este siglo XX? Entre esta barbarie y lo que él llama el esperanto tecnocrático y tecnológico, nuestra sociedad se interroga sobre la razón de ser de la cultura y del intelectual. Y ello a doscientos años del siglo de las Luces, cuando Jefferson proclamaba, “Entre gente civilizada nunca más se quemarán libros”.
La segunda reflexión se refiere a la Docta Ignorancia. Copió del Diccionario de Filosofía de J. Ferrater Mora (Editorial Ariel Referencia, Barcelona, 1994), un párrafo sobre el concepto Docta Ignorantia:
En varias ocasiones se ha predicado en filosofía una ignorancia sapiente. El primer ejemplo eminente es el de Sócrates, y su más acabada expresión se halla en la Apología platónica. Ante sus acusadores, Sócrates manifestó que poseía una ciencia superior a todas las de los demás mortales, y que ello no era una presuntuosa afirmación suya, sino una respuesta dada por el oráculo de Delfos a Cerefón cuando éste le preguntó si había alguien más sabio que Sócrates. “Nadie es más sabio que Sócrates”, contestó el oráculo. Esta respuesta significaba, según Sócrates, que mientras los demás creían saber algo, él, Sócrates, reconocía no saber nada. Pero entre el conocimiento falso de muchas cosas y el verdadero de la propia ignorancia, no cabe duda que el último es el más sabio. Con el “Sólo sé que no sé nada”, Sócrates expresaba, pues, irónicamente, una concepción de la sabiduría que posteriormente hizo fortuna: la que se expresó con el nombre de docta ignorantia y que de un modo u otro significó el rechazó de los falsos saberes para consagrarse al único saber considerado como auténtico. Así, la docta ignorantia equivale, ya desde Sócrates, a un estado de apertura del alma frente al conocimiento: más que una posesión, la ignorancia sapiente es una “disposición”.
Seamos realistas: fomentar la ignorancia es una de las grandes apuestas de los políticos mediocres. Leamos la realidad: la ignorancia atenta contra el progreso y la dignidad, i.e., atenta contra la ética. Seamos “más realistas”: en nuestro México, difícilmente los políticos repararan en lo dicho por Steiner y Sócrates.
El problema es inmenso y a vez desesperanzador. Así como sembrar ignorancia es uno de los grandes bienes del Poder, esperar que sus dueños comprendan el valor de la docta ignorantia es impensable. ¿Cuántos políticos en México han ejercido la docta ignorantia? A pesar de todo, apostemos por la ética.

Hola, doctor. Quisiera decir que la docta ignorancia (al menos en la versión socrática) no se planta frente a la ignorancia llana ni ante la voluntad de ser ignorante o fomentar la ignorancia, sino ante el falso conocimiento: ¿quién es más sabio –dice el texto–, el que cree que sabe o el que sabe que no sabe? A eso se contrapone la docta ignorancia, a la postura del que cree que sabe, el que no para de decirle a los demás que «abran los ojos» o que «despierten», y que, sin embargo, está más velado que ellos.
Por eso, me parecería que no es una recomendación para los políticos, sino para quienes quisiéramos asumir una postura opositora razonada.
¡Saludos!
Gracias Javier:
Concuerdo contigo, quizás debí aclarar un poco más el concepto de Docta Ignorancia, pero, aunque subrayo, tienes razón, concatené esa idea con el mundo de nuestros políticos para evidencia más su absurda e insuperable ignorancia.
Gracias de nuevo,
Arnoldo
La ignorancia no es exclusiva del electorado ni políticos mexicanos; es universal y tal vez su origen se pierde en el tiempo. Detrás de un político ignorante hay un demagogo (hoy llamado populista) y casi como complemento, un pueblo que cree y sigue todo aquello que recita el político; las consecuancias negativas suceden; así cae el político víctima de sus propias mentiras. El ciclo se repite y la siguiente generación termina por cometer el mismo error.
De acuerdo con tu comentario Jorge Alejandro. Sólo agrego un imponderable: quienes detentan el Poder, en cualquiera de sus formas, hace esfuerzos denodados por no informar, por fomentar la ignorancia. Es obvio: Les conviene.
Saludos,
Arnoldo
Una cosa es no informar. Otra muy distinta es no formar.
¿La verdad más evidente?
Ni aceptan informarnos, ni consienten en formarnos.
¿La herida más dolorosa?
Que a la mayoría de la sociedad, ni le conflictúa quedarse en la ignorancia, ni le aterra mantener la nula formación.
Llegamos al punto donde los políticos no tienen que participar activamente en mantenernos ignorantes y sin educación… sólo dejar que las cosas sigan su curso.
Y los que sí buscamos información y tratamos de aprender valores para juzgar, método para pensar, y principios para vivir, somos tildados de enajenados, tontos supremos, conspiranoicos, o de plano mentirosos.
¡¡Es ahí donde amenaza la desesperanza!!
Gracias Ricardo, concuerdo con lo que dice, el problema terrible es que cincuenta millones o más de connacionales no tienen ni tiempo para saber que no saben (parafraseando a la revista «The Economist») pues primero deben resolver los problemas del día a día.
Saludos,
Arnoldo
Si no me equivoco, fundamentalmente desde la Edad Media nos gobiernan elites –de esto nos ilustra Gaetano Mosca–, a su vez dirigidas no precisamente por los más preparados o los menos ignorantes, sino por los más audaces y aun perversos, con más o menos conocimientos. En México, desde hace cien años nos gobierna una elite de carácter hereditario –ahora PRIdictadura– que se hizo con el poder tras el asesinato de Francisco Ignacio Madero, quien desvió naturaleza y objetivos de la revolución a que los hermanos Flores Magón llamaban para lograr justicia social y respeto a la dignidad de los mexicanos. Esta era revolución social que Madero y Carranza –después– degradaron a burguesa. La estrategia de esa elite para detentar –fraudes electorales—el poder ha sido sembrar y manipular la ignorancia y la pobreza y acostumbrarnos a tener lo necesario, pero con dificultad, a fin de que nos conformemos con ello y lo defendamos a ultranza, atenidos a la idea de que “peor es chile y agua lejos, además de distraernos obligándonos a pensar cotidianamente, qué hacer para que no falte el yantar. De aquí el concepto de que no nos interesa la política. El hambre y la ignorancia proverbiales de nuestro pueblo son política gubernamental, factores para manipulación, no actos volitivos.
Moisés:
Te contesto con retraso -recién subieron tu comentario. Tu texto es espléndido, citas sucesos críticos y fundamentales. Suscribo todo lo que dices. Lo de los Hermanos Flores Magon es absolutamente cierto. así como la nota final
Mil gracias por tus reflexiones,
Saludos,
Arnoldo.