De pronto te encuentras con una idea de Kevin Toolis: “El mundo tiene sentido para nosotros porque fallecemos, no por lo contrario”. Y de pronto no es tan de pronto. Hay atrás días, historias, amigos, nacimientos, muertes. Y hay atrás noches, pérdidas, tropiezos y preguntas sin respuestas.
La apuesta es complicada: es necesario sumar días y noches. Toolis sabe: nativo de Edimburgo, hijo de irlandeses, filósofo, director, reportero, experto en terrorismo y escritor de guiones para cine. Muchas miradas: la vida significa debido a la muerte.

Ilustración: Estelí Meza
Zygmunt Bauman cavila en el mismo sentido: “Es porque sabemos que debemos morir por lo que dedicamos tanto empeño a hacer la vida”. Las cursivas utilizadas por Bauman, morir, hacer, encierran un propósito: primero laborar, esforzarse, construir o destruir, y después finalizar. Bauman sabe: sociólogo, filósofo, ensayista. Abandonó Polonia debido al antisemitismo: los desterrados leen la vida desde otros ángulos. Zgmunt inventó el mundo líquido. En el futuro, ¿todo será líquido? Eso piensa Bauman: sus libros sobre amistad, amor, vida, maldad y educación llevan en el título la palabra líquido.
Ambas ideas me conducen a Elias Canetti: “¿Cuántas personas pensarían que merece la pena vivir sabiendo que no van a morir?”. Canetti sabe: navegó por la ficción, el ensayo y el teatro; su obra le hizo acreedor del Nobel de Literatura. Habló y describió las características de la masa. Nadie la ha penetrado como él. Canetti planteó su pregunta sin haber leído ni a Toolis ni a Bauman. Los tres hablan de lo mismo.
La ecuación es sencilla: La vida tiene sentido gracias a la muerte. Si la inmortalidad se convierte en realidad, tal y como ahora postulan futuristas y científicos, el sentido de la vida, ¿cambiará o se perderá? Quienes nacieron después de 1970, sugieren los futuristas, podrán ser inmortales. Si en 2020 el ser humano destroza lo que destroza, ¿qué sucederá si alcanza la inmortalidad? Mejor leer a Toolis, Bauman y Canetti.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Debe ser terrible ser inmortal. Eliseo Diego tiene un poema: La eternidad por fin comienza un lunes
y el día siguiente apenas tiene nombre
y el otro es el oscuro, al abolido.
Y en él se apagan todos los murmullos
y aquel rostro que amábamos se esfuma
y en vano es ya la espera, nadie viene.
La eternidad ignora las costumbres,
le da lo mismo rojo que azul tierno,
se inclina al gris, al humo, a la ceniza.
Nombre y fecha tú grabas en un mármol,
los roza displicente con el hombro,
ni un montoncillo de amargura deja.
Y sin embargo, ves, me aferro al lunes
y al día siguiente doy el nombre tuyo
y con la punta del cigarro escribo
en plena oscuridad: aquí he vivido.
Samuel:
Buen día desde el Distrito Federal ahora rebautizado por razones inciertas y oscuras Ciudad de México.
Gracias por el poema de Eliseo Diego, visitante frecuente, junto con sus familiares de mis apetitos literarios.
Gran poema el que me comparte, no lo conocía y lo firmo. Es una suerte alimentarse de desconocidos un poco conocidos como usted: lo agradezco. El poema es veraz y grande.
Saludos agradecidos y muy afectuosos.
Arnoldo
PS Pronto saldrá el libro donde, con su permiso, cito una misiva suya (¿son misivas sus palabras electrónicas?
Arnoldo Kraus
Arnoldo querido: cierto que yo a veces estoy tan fascinada por la vida que he sentido que valdría vivir siempre. Pero me convencen todos ustedes, parte crucial del sentido de la vida, es que se nos acabará.
Gracias querida Ángeles:
Bella tu idea, vivir sin pasión no tiene sentido. Sé que tu la destilas. Sin embargo, cuando los años y las enfermedades pesan más que el deseo y la pasión, es necesario sentarse y replantear, ¿hasta dónde?, ¿hasta cuándo?
Abrazos,
Arnoldo