La vejez es tema universal. Compete a la familia, al Estado, al progreso, a la salud, a la tecnología, a la política. El incremento en la esperanza de vida es uno de los grandes logros de la humanidad. En las sociedades ricas, conforme pasan los siglos, las personas viven más. Vivir más no es sinónimo de vivir bien. Vivir más en países pobres conlleva las lacras propias de la falta de dinero; vivir más en naciones ricas significa, con frecuencia, abandono y soledad. La lectura de una noticia reciente aviva mi pesimismo; el alabado triunfo de la ciencia y de la tecnología en relación al incremento en la esperanza de vida debe repensarse.

Leo en el periódico El País: El envejecimiento de España reduce su potencial para crecer. Comparto unas notas sin la trampa implícita de la lectura entrelíneas: “El Banco de España reduce el crecimiento potencial del producto interior bruto (PIB) al 1.2% en el medio plazo frente a las tasas del 3% registradas en la década previa a la crisis. La razón: el envejecimiento de la población y el agotamiento de los beneficios que se obtenían por la incorporación de las mujeres al mercado laboral… Los efectos del envejecimiento poblacional sobre el crecimiento potencial se verán acentuados por la desaparición de los efectos cohorte… Esto es, una población con cada vez más jubilados, menos nacimientos y sin poder beneficiarse como se hacía antes de las nuevas incorporaciones de mujeres al mercado de trabajo”. En resumen: España crece y crecerá menos por dos factores: las mujeres tienen menos oportunidades de trabajar y los viejos consumen recursos —aunque la noticia no lo explica, es dable suponer que cuando disminuye la oferta de trabajo, las mujeres tienen menos oportunidades que los hombres.
La esperanza de vida a principios del siglo XIX varió entre 30 y 40 años; a principios del siglo XX osciló entre 50 y 65 años; en la actualidad, en los países ricos, España entre ellos, es de 80 años. Los viejos consumen muchos recursos. Vejez y enfermedad son binomio frecuente. Las patologías de los viejos suelen ser complicadas; tratarlas es muy caro.
Los ancianos, en países donde los sistemas de salud son malos, como el nuestro, pueden gastar todos sus ahorros para pagar médicos, hospitales y medicinas. España cuenta con un buen sistema de salud: el gobierno costea las enfermedades de la población. La nota periodística es demoledora: el potencial para crecer en el futuro se ha reducido por la carga económica impuesta por los jubilados.
¿Son los viejos los responsables de la falta de crecimiento en algunas naciones? ¿Cómo compaginar los grandes logros de la salud pública —mayor longevidad— contra la carga que representan los viejos en algunas naciones? A partir de las preguntas, comparto tres ideas:
a) Las naciones ricas son responsables de no contar con suficientes fuentes de trabajo para mantener a sus viejos.
b) Hay un divorcio —divorcio ético—, entre los avances científicos y tecnológicos y las cargas económicas de la vejez en naciones ricas y pobres.
c) Hay otro divorcio —divorcio moral—, entre los avances científicos y tecnológicos y el abandono, sobre todo en países ricos, de los viejos.
No hace muchos años, durante las épocas de calor en Europa, algunos —algunos son muchos— ancianos murieron deshidratados en sus hogares. Nadie se había ocupado de ellos. Ahora, otros ancianos, también en Europa, impiden el crecimiento económico. Entonces, pregunto: ¿vale la pena envejecer?
Concluyo al lado de Nicola Chiaromonte: “…yo creo que, hoy por hoy, el peor enemigo de la humanidad es el optimismo, sea cual sea la forma en que se manifieste. En efecto, equivale pura y simplemente a la negativa a pensar, por miedo a las conclusiones a las que podríamos llegar”.
Sr. Kraus, y que me dice de personas como yo que tengo 62 años, estoy al día con mis conocimientos com Software Developer, y que durante muchos años me han negado empleo, por mi edad.
Vivimos en una sociedad en la cual, si rebasas 35 o 40 años eres considerado como un anciano para las empresas.
Armando:
Lo que expone es la cruda realidad. Usted sabe que contratan a dos jóvenes de 30 o menos años y les pagan menos de la mitad que a una persona con experiencia. Borrar el ser humano «inservible», al ser humano líquido y desechable es la consigna.
Saludos,
Arnoldo
yo persisto en el optimismo: En The Economist hay un reportaje que plantea la posibilidad de que los Gobiernos den a todos un «ingreso básico» automático de, por ejemplo, 10,000 dólares anuales porque los humanos pronto ya no tendremos nada qué hacer. Las máquinas inteligentes lo harán todo y los humanos, incluso los viejos, aprovecharemos el tiempo para por fin leer El Quijote o a Shakespeare.
Gracias Manuel:
A diferencia de lo que te sucede, peco de escepticismo. Y… ¿qué dirá ahora «The Economist»? El Brexit les hará cambiar de ideas. La otra fuente de pesimismo son los mismos viejos: Acercarse a ellos, a muchos de ellos, y dialogar acerca de su soledad y falta de recursos es aleccionador. Sin embargo, aprecio tu optimismo.
Saludos,
Arnoldo
Envecejer para qué y tecnología para qué. Lo que importa es la producción de riqueza, elevar los indicadores económicos, en vez del disfrute de una vida digna del desarrollo de los seres humanos en toda su potencia.
Mariel:
Gracias y de acuerdo con la nota. Lo que vivimos es el triunfo del neoliberalismo en todos sus aspectos, sobre todo, en la marginación de los seres humanos. Privan beneficios económicos sobre humanidad.
Saludos,
Arnoldo
La decrepitud es producto del desgaste orgánico que se acentúa con el aislamiento,Vale la pena vivir con la consigna de ejercer a diario la actividad productiva permisible en su máxima expresión en cada etapa de la vida.Ejemplos en sociedades orientales como el Japón son maneras diferentes a considerar
Carlos:
Gracias y de acuerdo con el comentario. Japón es una sociedad económicamente menos dispar -mucho menos -que otras, y, hasto donde entiendo, la dan cabida social a los ancianos.
Gracias,
Arnoldo
Se nos olvida que si la buena fortuna nos acompaña todos llegaremos a esa edad. La juventud no es eterna, aunque todos lo deseamos. La escasez de recursos y las crisis crónicas de la economía son responsabilidad de quienes se encuentran a cargo de espacios donde se toman decisiones que afectan a todo un país. Pero siempre buscan sobre quién arrojar las culpas que ellos no quieren reconocer. El otro lado de la moneda es que vivimos en regímenes que desperdician olímpicamente la experiencia y el potencial de servicio y productividad que los ancianos han acumulado con sus años de experiencia, tanto laboral como de vida. La misma culpa se la han echado a los extranjeros, a los inadaptados, a los que se resisten y hacen las cosas de manera diferente. Tenemos también que vivimos en sociedades que cada vez se vuelven más y más insensibles, incluso con las personas más cercanas. Abandonar a un anciano a su suerte, a un rincón solitario de la casa o de la sociedad, es tan mezquino como los señalamientos que les hacen.
Ramón:
Gracias por tu comentario. Suscribo todas tus ideas. Concuerdo con lo que leo a pesar de su crudeza: el comentario es tan escéptico como mi blog. Y lo peor: todo es tan cierto como el hecho de que la vejez se ha vuelto un problema, en sociedades ricas y en comunidades pobres.
Gracias por tu tiempo,
Arnoldo
Me parece que las redes familiares son la base para aquellos que nos vamos haciendo viejos. En mi familia tanto mis padres como sus hermanos y primos van de los ochenta años de edad en adelante. La mayoría fueron profesionistas (médicos, maestros, abogados, emplados federales), o comerciantes y todos ellos tienen, hasta la fecha, una vida muy activa. Cuentan, eso sí, con la ayuda y compañía de sus parejas y de sus hijos, quienes vigilan que coman adecuadamente, tengan siempre ropa limpia que cambiarse y acudan regularmente al médico, forman parte de la estructura familiar y conviven con sus nietos y bisnietos. Creo que ahí es donde está la clave de la calidad de vida, ya que el resto de la familia no los vemos, ni se ven ellos mismos, como una carga, sino como un miembro más del grupo.
Gladis:
De acuerdo (y gracias por su comentario). Philipe Aries, un historiador francés, hacía hincapié precisamente en lo que usted dice, en las redes familiares. Y una novelista, no recuerdo quien, decía que a diferencia de lo que le sucede a los jóvenes, a quienes les falta tiempo, a los viejos les sobra tiempo. Llenar ese tiempo gracias a la familia permite envejecer y vivir mejor (con dignidad y alegría).
Saludos,
Arnoldo Kraus
Agradezco tus palabras, que me llevan a cuestionar el concepto que tenemos de nosotros mismos y de los demás. ¿Quién es un anciano para mí? Podríamos responder de mil formas: Mi padre, mi madre, mis abuelos, seres no productivos, sabios, maestros, seres aburridos o seres que merecen ser honrados por todos…
Creo que según sea nuestro concepto del otro, será la forma de tratarlo, y me asusta nuestro trato. Me asusta, sí, la crisis humanitaria que vivimos, me asusta el sistema que parece ordeñarnos el mismo Ser y nos lleva a desconocernos…
Creo que el día en que nos volvamos a reconocer en el otro, el día en que generemos un paradigma donde lo incluyamos, quizás generaremos estrategias de relaciones de Cuidado para todos y todas. No lo espero, sé que tengo que construirlo y la verdad, aún no sé cómo…
Rosa María:
El meollo del asunto radica en tus palabras «…la crisis humanitaria», radica en esa situación y en la imposibilidad de salir. Ayer, Niza, ¡caray!, ¿qué forma de asesinar? ¿Y los viejos?: para que los queremos si son escupidos por la sociedad. No se´como, apelo «un poco» a la éirca, pero, es imposible continuar perviviendo en el mismo esquema de vida.
Gracias,
Arnolo
«… Imposible continuar perviviendo en mismo esquema de vida » frase aplastante. Que hacer? Como modificar este esquema de vida? Desde la educación en nuestro sistema educativo? Desde la atención a la población vulnerable en nuestro sistema de salud? Desde los programas creados para la atención social de niños y ancianos? Desde la enseñanza en senos de familias invadidas por la individualidad? Cómo hacer para modificar este esquema?
El sistema desecha a las personas viejas, el tema del cuidado colocado en las familias distribuido de manera equitativa entre mujeres y hombres, para construir el derecho al cuidado, es una alternativa la avasalladora liquidación del sistema. El país no esta preparado para atender el cambio en el bono demografico, es importante avanzar con el tejido social familiar y comunitario. Quiero ser optimista.
María Dolores:
Tienes razón debemos buscar como difundir la «ética del cuidado», ética más femenina que masculina, pero, de ninguna forma, excluyente.
Y sí, seamos optimistas…
Saludos y gracias,
Arnoldo
recomiendo leer enfáticamente los análisis de un filósofo ingles llamado Harry Moody y comenzar a debatir sobre el significado de la vejez en las sociedades actuales. proponemos una longevidad casi imposible y nos despreocupamos de sus efectos. atentamente.
Gracias Gustavo, no he leído al filósofo que cita, lo buscaré.
Saludos,
Arnoldo
Muy buena discusión la que se ha generado. Definitivamente no es lo mismo ser viejo en un país que en otro. Hoy día son numerosos los análisis de como la «desigualdad» afecta nuestras vidas, es especial hay un autor francés que lo ha hecho de manera muy documentada. Entonces, no es que quiera ser pesimista pero si vivimos en un mundo donde la mayoría y, especialmente los que toman decisiones, es insensible a ello, el resultado es y seguirá siendo: «problemas con los viejos», «con los jóvenes», «con los niños», «con los recién nacidos», «con las mujeres pobres embarazadas», «con las minorías étnicas», y un muy largo etcétera.
María Teresa:
Gracias por tus comentarios. En realidad no se quiere se pesimista, quien te hace serlo es la realidad. Y el trato que se da a los viejos, en países ricos o en pobres, es un retrato de la condición humana y de nuestra forma de actuar. Las tasas de suicidio en viejos son altas, quizás lo sean más en países ricos. Y si, como dice Stiiglitz, Nobel de Economía: «El 1% de la población tiene lo que necesita el 99%».
Saludos y mil gracias,
Arnoldo
PS ¿Quién es el autor francés?
Cuando era pequeña estaba tan orgullosa de mi abuela que si me preguntaban? qué quieres ser de grande? Respondía: abuelita. A los 90 años ella tuvo una embolia y dejo de trabajar porque ya no le era fácil escribir…pero su recuperación neuronal fue excepcional..los médicos dijeron que porque toda su vida fue activa, por lo que entonces es contradictorio no permitirles a los viejos continuar su trabajo, ya que al estar activos, si enferman, su recuperación puede ser más fácil por muchos factores, incluso el sentirse útiles.
Adriana:
La anécdota que compartes es maravillosa: tierna y profunda. Los abuelos y las abuelas son, en incontables casos, el mejor rincón del mundo. En ese espacio se crece, se toma conciencia de la vida, de las personas… Y sí: los viejos, cuando dejan de laborar, enferman y mueren.
Mil gracias por tu nota,
Arnoldo